martes, 4 de octubre de 2011

Las Mujeres de mi vida

Fueron y son muchos los rostros femeninos que llegaron a mi vida para transformarla; unos se detuvieron sólo un momento, otros no veo más a diario como de costumbre, algunos se me perdieron en el camino; pero a todos y cada uno de ellos admiro.
Conservo intactos en la memoria de mis buenos recuerdos.
Los llevo en cada instante que eligo hacer el bien, cuando acierto, cuando me equivoco y me levanto.
Los encuentro de cerca o de lejos cuando pido ayuda, hasta cuando ni siquiera pronuncio palabra en voz alta, ellos retornan a mí.
Sus voces sabias me acompañan, su belleza me deleita y su cariño me hace bien.
Han hecho de mí sin saberlo la persona que soy, lo mejor de mí simplemente se los debo.
Son todos seres luminosos que por abuso de modestia ocultan sus alas, convierten lo espontáneo en duradero, son dueñas de mis gustos y secretos, poseedoras de abrazos capaces de convertir el llanto en consuelo.
Habitan mi mundo por casualidad, destino, disposición divina o decisión propia.
Permiten bondadosamente que tome lo mejor que sus nobles corazones me pueden ofrecer.
Pululan en mi reino como hadas coloridas, me envuelven en un lazo su tiempo, su paciencia y su dedicación.
Llegaron a mí en forma de amigas, compañeras de clases, colegas del trabajo, tías, hermanas, mamás, abuelitas y primas.
Algunas me aman porque compartimos el rojo de nuestra misma sangre y otras en cambio se hicieron mi familia adoptiva.
En ocasiones me hablan en un idioma distinto al mío, otras veces les basta mirarme para decirlo todo. Saben perfectamente cuando las palabras están demás y toman mis manos para volverlas tibias.
Quizás nuestras largas conversaciones se hayan vuelto más bien esporádicas, puede que el tiempo nos haya alejado en kilómetros, que nuestros encuentros sean solamente telefónicos, o nuestra rutina y nuestras prioridades hayan cambiado.
Sin embargo, con hijos o sin ellos, con hogar que mantener o esposo a cuestas, con novio o sin él; con el tiempo contado, con la lejanía de por medio, con el vacío que queda tras la ausencia, con el pasar de los años, con los saludos de cumpleaños atrasados; con los regalos pendientes, con el mail no enviado, con la llamada en espera; con el stress del trabajo, con el encuentro postergado, con la llegada que no llega...
Hay cariños que el tiempo no envejece, que la distancia no aparta, que los años no oxidan.
Hay legados que nuestro cuerpo sencillamente se niega a dejar escapar, hay recuerdos que causan siempre las mismas sonrisas, hay palabras que se quedan grabadas, hay presencias lejanas que uno lleva siempre consigo.
Hay rostros femeninos que te dan y dedican la vida, como mamá; que te hacen trenzas de pequeña, te consienten y leen cuentos como mis tías. Hay rostros que te preparan té y se enorgullecen hasta de tus logros más pequeños, como lo hace mi abuelita. Hay rostros que te conocen desde siempre y crecieron contigo como mis hermanas. Hay rostros que jugaron tus juegos de niña como mis primas. Hay rostros que conociste sentados en una carpeta, como mis mejores amigas. Hay rostros que encuentras estando lejos y con ellos te sientes de nuevo en casa, como con mis nuevas amigas. 
Hay rostros que aún están por llegar y amarás más que a nada en el mundo, como será el de mi hija.
Hay rostros y mujeres, que sin querer, le transforman a uno simplemente la vida.

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